Queremos tantas cosas en la vida, soñamos otras tantas, y vivimos algunas sin darnos cuenta. De a poco, lentamente, en algun momento dejamos que las anclas bajen para quitarnos el brillo que por naturaleza y derecho divino nos corresponde. Dejamos de lado la gratitud para seguir pidiendo y anhelando anclas a nuestra vida.
Quemar las barcas de la tristeza, de la ambicion, de la desidia, del orgullo, de la envidia, pero aun permanecer en esencia, limpiar el vidrio volverlo diafano nuevamente, y mantener la capacidad de sorpresa al alcance de la mano, para disfrutar cada dia.
Quemar las barcas, para dejar atras todo rencor y dolor pasado, y que las alas del corazon se hagan mas fuertes, y asi poder vivir tiempos mejores.
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